Friday, October 17, 2014

Buscar las dimensiones, a propósito del aniversario de Cortázar

Que el poco tiempo que me queda sea para los libros, bueno no para todos, esa es la verdad. Solo para unos cuantos y también para autores que a pesar del tiempo y la distancia van descubriéndose en su versatilidad. Como sigo curiosa con el tema de las memorias y las cartas este pendiente es para Julio Cortázar, en parte por el aniversario de su nacimiento, algo así como una deuda histórica. Las deudas y las amistades suelen ser históricas. Esto no quiere decir que los amigos dejan de serlo, pero por alguna razón se quedan en el tiempo, ahí como suspendidos quién sabe por qué hilos hasta que los volvemos a ver. Volver a ver. Sí, luego, es como si el tiempo no existiera. Por suerte no pasa lo mismo en el amor. Por suerte, o como le gustaría decir a Cortázar: “El azar hace muy bien las cosas”. 

Que Cortázar es un clásico contemporáneo no es una novedad. Eso sí, como muchos, tal vez no sea tan leído como se dice y no en todas sus dimensiones. Pero con él ocurre esto del encantamiento; es decir, cada cierto tiempo vuelvo a encantarme con algún aspecto de él. Esta vez la razón fue el documental de Tristán Bauer, bastante plano desde mi punto de vista, pero que deja oir la voz del gran Cronopio, con todos los matices de ese acento ni porteño ni francés, tal vez más lo uno que lo otro. Después de todo fueron 32 años que vivió fuera de Argentina. La configuración de la casa se va difuminando. Hace poco apareció publicado en Alfaguara un libro para colección: Cortázar de la A a la Z. Una especie de diccionario con palabras clave en el imaginario cortazariano, con fotos inéditas y fragmentos alusivos a ese vocabulario. Como digo , hay letras que se comen con los ojos.

¨Soy de los que lloran en el cine”

La sensibilidad es una característica de pocos. En un hombre como Cortázar, además de evidenciarse en su obra (pienso en La salud de los enfermos, por ejemplo) también está presente explícitamente en esa otra obra que constituye su correspondencia, editada completamente por Alfaguara en varios tomos. No hay nada como descubrir que un escritor que apreciamos estéticamente es, además, tan humano, que nos conmueve o nos conmoverá siempre. Tal vez porque la humanidad se ha perdido, o es susceptible a muchas cosas: al halago, por ejemplo, en el caso de los escritores a la vanidad. La literatura también nos sitúa en el desarraigo y muchas veces es más que difícil abandonar posturas que yo llamo “descreídas”. 

“Por Cuba y desde Cuba tomé contacto con América Latina. Dejé en Argentina a un escritor que pensaba  que la realidad debía culminar en un libro. En París pensé que un libro tenía que terminar en la realidad…comprendí que el socialismo es la única  corriente moderna de pensamiento que se basa en el hecho humano esencial…La humanidad empezará verdaderamente a mirar al hombre el día en que haya cesado la explotación del hombre por el hombre”.

El Fama

En el documental de Bauer podemos escuchar a Cortázar decir que los Cronopios no son generosos por naturaleza y que los famas ayudan a los Cronopios. Aquí lo escucharemos hablar sobre cómo es que empezó su carrera de Fama. El boom no es calificado de madurez. Es un buen principio…responde al azar”.

“Mi obra personal fue hecha en la soledad, fue hecha en la pobreza, fue hecha sin el menor apoyo editorial. Cuando los editores se despiertan a mis libros, a los libros de Fuentes, a los de García Márquez, a los de Vargas Llosa, se despertaron porque las primeras precarias y difíciles ediciones habían sido bruscamente leídas por montones que se las pasaban de mano en mano… y los editores que no son tontos y que están ahí para ganar dinero, comprendieron que eso había que editarlo…Nosotros estuvimos solos, y lejos de América Latina. García Márquez escribió lejos…no teníamos amigos editores. Los editores vinieron después”.

“El exilio físico es mi problema personal¨


"El exilio cultural, el hecho de que la Junta de Videla de la Argentina haya prohibido la publicación de mi último libro de cuentos, porque `hay dos cuentos que me molestan`implica que 22 millones de compatriotas míos se han visto privados de leerme. Bueno que me lean o no es un acto de vanidad… pero ese tipo de vanidad no la tengo"

Lo que el tiempo se lleva, la memoria lo devuelve distorsionado. Es una suerte que así sea. ¿Qué pasaría si los recuerdos volvieran tan nítidos? Qué impacto, qué impresión.. En la distorsión encuentro una Rayuela que va cambiando o que voy descubriendo. A veces un mismo libro siempre es otro libro.

Tuesday, December 17, 2013

Algunas notas sobre La ceniza del adiós de Orlando Pérez


El adiós como una ceremonia que dura un vuelo Madrid/Quito. El largo camino del regreso al polvo; al polvo enamorado de Quevedo, o al simple polvo en el que nos convertiremos como la única certeza de la existencia es la historia que Pablo, el protagonista de La ceniza del adiós , está dispuesto a compartir con sus lectores.
Ahí, suspendido en el limbo a más de 30.000 metros de altitud, el narrador fabrica, fabula y nos permite conocerlo y reconocernos en él. Faltan pocas horas para regresar a Quito y escribir es la única actividad que no puede abandonar y que no abandonará hasta que esté vivo.

La novela de Orlando Pérez  es instrospectiva, cada episodio que el protagonista devela es una suerte de viaje hacia la razón de la siquis y la existencia. Como buena muestra del delirio de quien repara en su propia muerte, el relato contado se disfraza hasta llegar a las últimas páginas. Cuando creemos que ya conocemos a Pablo; Pablo se quita el disfraz.

La pregunta sobre quién es el protagonista emerge junto a otras dudas, ¿es la infancia la raíz, la explicación, del devenir adulto? ¿la infelicidad está ligada a la ausencia o presencia del amor? ¿se puede separar la individualidad de la colectividad?  ¿puede la existencia ser una serie de hechos que nos encadenan al pasado? ¿qué separa al bien del mal? ¿es el asesinato un acto malo per se? ¿se puede justificar un crimen?

La ceniza del adiós es una novela que en sus 253 páginas hace un homenaje al eterno retorno, al motivo del viaje literario en donde el destino no es lo fundamental, sino el tránsito.

La elaboración sobre los paraísos perdidos a través de los recuerdos infantiles de Pablo y luego la desgracia de ver desaparecer a su madre marcan el ritmo de la trama. Una madre perdida en la vida se vuelve a recuperar a través de la figura de Muriel, la tiastra que también lo dejará.  Los afectos reales por estas dos mujeres serán los cimientos para la negación de otros afectos como la relación con su esposa, Lucía, y su actual novia, la Cata. Pablo, el protagonista, siempre pendiendo entre lo posible y lo imposible, así como su narración entre la verdad y la metira dentros de la propia ficción.

Toda esta historia marcada por la soledad tiene como referente a Quito, pero no Quito hoy, sino la Quito de los 70 y 80.
¨Yo no terminaba la escuela y la ciudad que crecía hacia el norte era una incógnita, salvo porque algún sábado fuimos a ver al parqueadero del primer gran centro comercial de la ciudad una competencia de go’ cars, ese sector estaba sostenido desde la expectativa comercial y habitacional y no desde un sentido urbano: se veía todo adosado al hipódromo y a éste como a un territorio excluyente¨.

Novela de Dios



Voy a comentar Novela de Dios de Ernesto Carrión. No es la primera vez que comento un libro de Ernesto, tampoco es la primera vez que leo y releo su trabajo, por eso la primera palabra que me llega a mi mente cuando pienso en el trabajo literario de Ernesto es: asombro. Y el asombro es algo que, tal vez, se va perdiendo con el paso de los años, pero que no puede perderse en el arte. Desde esta grieta que es el arte y la literatura es donde el asombro, lo posible, los sueños y todas las cosas maravillosas que son etéreas y eternas se hacen evidentes en este plano que es el mundo.

Asombro, digo, para apreciar la evolución de Ernesto como poeta, y aunque voces como la de maestros como Echavarren y Kozer puedan disentir con esta idea, también, como narrador. Al final, la discusión sobre los géneros es inútil, los límites son siempre imaginarios, y para este caso da igual si Novela de Dios se lee como un gran poema alegórico que como una hermosa novela lírica. Lo que aquí ha importado es que lo que dice Novela de Dios se ha transfigurado en varias propuestas.

La primera y más evidente, por supuesto será identificar a los personajes más conocidos de ella. La pareja de Frida y Diego revoloteando, que es la historia de la creación en las parejas del arte. Imposible desligar a esta pareja del arte con la pareja original bíblica Adán y Eva y tampoco con la pareja real Ernesto /Isabel.

¨Sentado frente a mi esposa el mundo es justo lo que necesito de él. Y la Novela de Dios es un fragmento aparente de mi propia vida¨.

La segunda es que Frida es Ernesto y aquí ocurre el primer travestismo de esta Novela de Dios. El creador, el poeta se desdobla para identificarse con la mujer creadora y en este caso particular, desde el dolor del cuerpo que muere de Frida. En este sentido específico, Diego Rivera, no me interesa. Pero toda la historia de la pareja no es más que el pretexto para hablar de la historia de amor o del amor.

¨Triza una final lluvia el parabrisas de E que maneja por su mundo como si estuviera en un sueño. Su mundo es un tronco de miedos. A veces, su familia, la que ha logrado después de tanta labor, le da consuelo. Piensa E que ante la muerte sólo se abrazará a su mujer, envuelto entre las sábanas como cuando tenía 8 años y venía algún fantasma cruzando la avenida con una claridad sobrepasada. El sabe que después de la muerte nada se sabe, pero que la vida no puede ser únicamente el viaje hacia la ausencia de vida. Tiene que haber algo más que la procreación y el diálogo interminable con uno mismo desde su letrina cósmica. Observa la caída de lo minúsculo, la gota y su composición en el cuerpo. Piensa en el átomo y un segundo en la bomba y luego en la molécula compartida entre todos. Einstein tenía razón: Vivimos en el mundo cuando amamos¨.

La tercera es que Novela de Dios es un libro sobre la paternidad. De repente ese papel inactivo del padre se convierte en pasajes poéticos en donde la observación del hijo adquiere un nuevo conocimiento:

¨El sol sobre su cabeza hace un punto de fuego. Se desliza como metal sobre los huesos calientes buscando explotar en una idea llena de personajes muertos: La novela de Dios. Niños gritando en una cama elástica y su hijo meciéndose en el columpio de la derecha es todo el contenido del mundo que ocupa su cabeza.  Aprieta el sol su palma regordeta contra la coronilla de E¨.

Mientras pensaba en cómo comentar este libro pensé decir que el poeta le daba otro sentido a la maternidad. En realidad esta historia le da sentido a la paternidad, a lo que normalmente no podemos apreciar en este estado masculino porque sublimamos el papel materno.

La voz del poeta encuentra en estos momentos cotiadanos una felicidad por el deseo del hijo, o por la presencia de ellos, una manera de explicarse a sí mismo a través de ellos. No como si los hijos fueran una necesidad, sino como esos  otros que permiten aprender a verse.

¨Luego escribí en su novela: Emilia-Ezequiel-Ernesto (Y vió Dios que era bueno que yo tuviera mi propia trinidad electrizante)¨.

Una cuarta línea interpretavia, o lectura posible de Novela de Dios es lo literario. Un libro hecho para reflexionar sobre la ficción, sea esta poesía o narrativa en donde la construcción de la obra se ha hecho a partir de discursos distintos: el de la ciencia, el de la poesía,  el de la religión, el del arte, y para ello distintos personajes provenientes de todos estos discursos hacen su aparición para contarnos algo de ellos. Algo íntimo, no lo que ya sabemos. Desfilan por Novela de Dios: Elliot, Camus, Joyce, Espartaco, Buda, todos ellos mirados desde el curioso Átomo de Cesio.  (Cesio es el  elemento químico con número atómico 55. Fue descubierto en 1860).

En este carnaval líriconarrativo todos son sospechosos, los correctores, los personajes, el editor que tacha las voz de los correctores, el átomo. Detrás de todos hay una sola voluntad creadora que es la del poeta jugando todo el tiempo, por eso crea una No   vela : ¨o sea algo que no alumbre… una historia de amor No    velada  Algo no revelado o sea ; lado que no se aclare en ninguna de sus partes,  perfecta oscuridad para el no    velista. Así, quien ve es el poeta, y ve más allá, dejando al narrador como un pequeño artesano usado, simple remendador de cualquier historia.

Y podríamos seguir o podría yo contar la historia en orden, pero estoy segura de que esa labor es la de los lectores, que se acercarán a este libro publicado por Editorial La caída.
El asombro aquí, termina, con la lectura de Novela de Dios, dispuesto a encenderse con la siguiente obra.






Wednesday, October 30, 2013

Fortalezas


Como homenaje a Dostoievski, María Fernanda Ampuero permitió que subiera este texto a mi blog.

"Yo tenía quince años, la edad de amar, y me enamoré de ella. ¿De qué otra manera, con qué otra palabra, puedo explicar la devoción que sentía por cada palabra que salía de la boca de esa mujer, la fe de cachorro con que la escuchaba? Eso que esa adolescente -rechoncha, extraña, inadecuada- sentía se tiene que llamar amor. Amor como el de Santa Teresa de Ávila, como el de Fray Luis de León, como el de San Agustín: amor divino, trascendental, místico. El amor que se le dedica a Dios.  

¿Cómo no quererla así? Yo estaba ciega y ella me permitió ver. Yo tenía sed y ella me dio de beber. Yo estaba perdida y ella me encontró.

Carol Noboa se llamaba y era profesora de literatura. Estuvo apenas un año con nosotras –conmigo-, pero fue suficiente para que yo, que ahora escribo esto que ustedes leen, creyera que la vida me había dado algún talento aparte del de llamar la atención de los que se burlaban de mí: Carol Noboa me descubrió que eso que yo hacía a escondidas, con vergüenza, compulsivamente, ese llenar hojas y hojas con palabras podía ser algo bueno, algo importante. Ella me dio esto, lo que hago todos los días, lo único que sé hacer. Seguro no lo sabe, pero hizo algo gigantesco: cambió mi destino.    

Un día nos hizo leer El Jugador de Dostoievski y la tarea fue que reescribiéramos el final. No sé si recuerdan esa novelita perfectamente devastadora que es El Jugador: todo gira alrededor de un hombre, Alekséi Ivánovich, que en realidad es el propio Dostoievski, adicto al juego y al amor caprichoso de una mujer, Polina. El libro trata de la pérdida, de la indignidad, de la atracción del abismo, del maldito azar que tanto nos eleva como nos engulle. Yo, supongo que a tientas porque era demasiado joven, pero quizás desde el dolor de ser –yo también, como Alekséi Ivánovich- una outsider, una forastera en ese mundo, una atormentada, encontré la manera de terminar la historia ya no con la destreza sobrenatural de Dostoievski para contar el fracaso, pero si con algo de esa soledad, de ese patetismo, de ese peso –pozo- existencial.  

Cuando Carol Noboa me entregó el texto revisado, no miento, el corazón se me volvió un pájaro que aletea furioso en una jaula. Me había puesto un veinte redondo, hermoso, un veinte que iluminaba la página como el sol, pero la calificación era nada al lado de eso otro que hizo: escribió, con letras grandes y signos de admiración, que siguiera escribiendo, que siguiera escribiendo, que siguiera escribiendo.  

Un año estuvo con nosotras –conmigo-, pero ese año cambió algo en mí para siempre. Empecé a creer (me), a querer (me), a decir (me): «no eres idiota, no eres negada para todo, no tienes el coeficiente intelectual de un koala, puedes escribir, escribe».

Mira que sufrí: todos los otros profesores que tuve durante diez años, todos sin excepción, habían visto en mí una estudiante fallida, mediocre, incluso algo tonta. Yo daba –y sigo dando- pena en matemáticas y matemáticas y sus ramas ocupaban los puestos más importantes en la libreta de calificaciones. Nadie nunca preguntó si yo era buena en otra cosa, si quizás mi fortaleza no eran los números sino las letras, si yo entendía mejor un libro que una ecuación. Yo entiendo mejor un libro que una ecuación, como tantos y tantos niños, y por eso fui castigada, suspendida, avergonzada, aterrorizada: todos los años estaba a punto de perder el año en matemáticas. Y eso era lo único que importaba.

Pienso con tristeza en esa niña que, vista desde mi adultez, podría hacer feliz a cualquier profesor: siempre estaba leyendo, llenaba cuadernos con poemas, reflexiones, cuentos y estaba loca por las palabras, por las historias, por la literatura. Pero ella no daba orgullo a nadie. Pero a ella la castigaban. Pero ella hacía que su madre bajara la cabeza de vergüenza ante la profesora de matemáticas:

-Su hija no merece pasar de curso. 

Profesor que lees esto ahora: ojalá un día algún alumno te dedique un texto con el mismo amor con el que yo le estoy escribiendo a ella, a Carol, la maravillosa mujer que me salvó la vida.   

María Fernanda acaba de publicar Permiso de residencia, crónicas de migración bajo el sello  La caracola. Vive en España. A mi me gusta recordar a María sentada en unas mesitas cerca de la casa de Carlos Burgos en Madrid, pero sobre todo el día en que me llevó a visitar El lavapiés, su barrio.

Thursday, September 26, 2013

L.A. Monstruo


Publicamos La Monstruo porque es un libro lleno, no solo de palabras sino de ideas.  Muy alejada de la moda de los versos mínimos y banales, L.A. Monstruo es una cartografía del pensamiento.
No es que lo cotidiano no sea una presencia, más bien es una excusa, un gancho para trasladarnos hacia lo trascendente.
Que el Espacio Vacío acoja el primer libro del sello Cría cuervos es una manera de evidenciar que aún hay sitios, o que siempre habrá sitios grieta en donde la palabra es posible, en donde la buscamos, en donde disfrutamos de ella y en donde podemos compartirla. Y aunque los lugares posibles sean escasos, la literatura, nos brinda amplias posibilidades.
La poesía y toda su fuerza vidente se concretó en L.A. Monstruo, y no al azar. No hay azar en el nombre de este poemario; en él hay un ser que lo habita y que nos mira. A ratos se transforma en memoria, a veces es sentencia, casi siempre es deseo. Esta gorgona de la portada nos mira de frente, no tiene rostro. Seguramente mirándola podremos vernos, un poco mejor, o con mayor claridad. Tal vez.
L.A. Monstruo ha nacido del deseo; ese deseo que intenta explicarse, pero que no tendrá éxito. Cuando el deseo se explique desaparecerá el arte y ya no habrá necesidad de palabras.  Mientras, deambularemos en ellas y descubriremos que el destino no siempre es lo más importante, sino el tránsito.
Las ideas, tan desprestigiadas como caminan por estos tiempos, fluyen en la poesía de Andrea Crespo, con una belleza inusitada. El trabajo minucioso con el lenguaje y sus contradicciones crea un efecto desestabilizador que nos desplaza hacia esos ambientes en donde no hay certezas; ahí están Sinaí y y El desierto de Qades-Barnea. Precisamente ahí en donde no hay certezas están las posibilidades, las grietas.

"La espera fue terrible en el desierto. Divorciábamos la lengua de la carne todos los jueves, días sencillos, portaestandartes al fin. La nocturnabilidad del domingo nos adiestró en hábitos laborales, retornamos a la infancia con los nervios de la violencia. La caída en los escalones que pueblan toda estas arenas. La casa y sus avenidas son diestros ovillos del amor impuesto en la carne de los niños.

Concluíamos que deambular terminaría por enniñecernos, ante ese castigo hubo que buscar remedios en los cristales o, en los países que pueblan los tumbados".

Ernesto Carrión ha dicho sobre la voz de L.A. Monstruo: "Más que un sujeto direccionando un discurso, aquí hay una voluntad, una vitalidad (que no es masculina ni femenina) buscando detener su construcción para ir plasmando el desamparo de una generación y un tiempo en el que sólo podemos soñar y conocer la fragmentación de lo que nos rodea".

Con la alegría de que Cadáver exquisito haya finalmente publicado este poemario, pero sobre todo con la felicidad de contar, además, con la amistad de Andrea, dejo mi verso favorito

"La muerte del deseo es la melancolía
Con el músculo cortado de dolores y más de un beso hurtado al rencor
Aquí encuentro sentido, las extracciones del recuerdo".

Thursday, May 30, 2013

Espacio para el dolor



Desde los síntomas agudos que nacen en la carne herida hasta los vericuetos de la siquis aplastada por la pérdida irrecuperable de las personas amadas, La luz difícil, de Tomás González es una novela  fuerte, sostenida, devastadora, que se aleja del ya manido país en guerra colombiano, para retomar la tradición literaria de la poesía más simple y antigua, la del Eclesiastés y su voz contrariada por la existencia, su eco consciente que se dispersa por la visión de los campos a la espera de la cosecha.

Y así como hoy intuímos que Eclesiastés no es uno solo sino varios, Tomás González, se apodera de las voces de sus personajes y no solo los dibuja sino que los sopla con su aliento y los dispone en una gran ciudad, listos para vivir la tragedia contemporánea como si fuera la clásica, esa que solo la viven personajes esforzados, como lo habría dicho el propio, Aristóteles, en su Poética.

Sí, ellos viven en Nueva York, pero se les ha dado características singulares: el narrador es un pintor, un gran pintor, que además escribe, el hijo, digamos, el protagonista de la historia aparente es un ser bondadoso que se convierte en un mártir atrapado por su cuerpo agonizante, una esposa y madre de belleza incuestionable, a pesar de la edad, que ha forjado un hogar excepcional.

Indiscutible es que en La luz difícil, relato narrado por un anciano,  la distancia con los hechos contados impregna de sabiduría a la voz, siempre atenta a los detalles, a los silencios. Se trata de una novela que se concentra en la mirada; una novela para aprender a ver, a vislumbrar, a observar lo más sencillo y cotidiano con la alegría de haberlo advertido y con la tristeza de la certeza del paso del tiempo. Mientras leía esta novela me puse a pensar en un poema de Efraín Jara, bueno en dos, en realidad. El sollozo por Pedro Jara, pero también Alguien dispone de su muerte.

La luz dificil produce una pena, pero una pena tan poética que es imposible no regodearse con ella. Así, cuando la buena literatura nos sume en estados alterados, es posible que deseemos no volver a abrir otros libros por algún tiempo. Los espacios para el dolor se multiplican como las mounstrosas imágenes que nos devuelven los espejos, y la muerte, es el pleno espacio para la liberación del cuerpo. 



La luz dificil. Tomás González. Editorial Alfaguara.

Wednesday, May 08, 2013

Extrañas en Quito



extrañas, búhos, abogados malos, abogados buenos, casas moradas, caleidoscopios, sexy shops, antrologías, gastronomía, periodismo border, poderes paranormales y una ciudad invibible, imposible pero insuperable, la ópera prima de María Paulina Briones -EXTRAÑAS EN EL PUERTO- (editor cartonero te robo el texto porque me gusta más que el de la contratapa¨.