Monday, May 25, 2015

Pensar la muerte (1) ( o notas sueltas desde la insumisión)


Por Andrea Crespo Granda

 
“Mi madre me vino a dejar. Vestía una blusa de sangre y
cuando salimos la neblina de la mañana la envolvió
como si fuera una flor roja deshilachándose.”

 Raul Zurita

 A pesar de que se ha dicho cosas muy válidas y pertinentes en relación a la figura legal del femicidio y la vigente penalización del aborto en casos de violación; quisiera repensar esas demandas desde otra mirada: la mirada de la muerte. Cuando digo esto, más de una persona pensará en una visión fatalista sobre el tema o pensará en que es una obviedad puesto que el femicidio es eso: la muerte anunciada de una vida con violencia.  Y puede que se  piense, además, que el aborto está vinculado a una “cultura de la muerte” como abogan los grupos que trabajan contra los derechos fundamentales de las mujeres.
 
Sin embargo, cuando hablo de pensar la muerte, hablo de mirarla. Me explico: aquello sobre lo que se reflexiona es  aquello que puede vivir, que puede elaborar un camino, que  tiene  mayor permanencia en la personas. En ese sentido, cuando propongo pensar  y mirar la muerte, estoy proponiendo acercarnos y mirar cómo se han estructurado una serie de necro políticas, diseñadas para que la vida  no prolifere (2).  Algo así como cambiar todo para que nada cambie.  Y con ello instaurar la muerte del pensamiento, que es la muerte de la acción.
 
Vamos por partes. El primer paso en este pensar, implica al ojo: cómo vemos estas muertes. Para que exista mirada, debe pre existir un deseo. Desde aquí es indispensable conocer si como organizaciones sociales, feministas, personas comunes y corrientes, tenemos las competencias, las capacidades para poder mirar hacia/dentro de lo que implica la muerte de las mujeres imbuidas  en espirales de violencias.
 

I

Una rosa es una rosa (3)

 

Vivir cada día con la zozobra del golpe. Pensar cada día en cómo no provocar su ira.  Buscar que los desacuerdos no terminen en el rostro:

Sobrevivir cada noche.

Cada dureza de noche. Cada día.

 Quienes trabajamos en centros de atención y prevención de violencia conocemos, día tras día, las historias de vida de mujeres para las cuales la violencia es parte de su cotidianidad. Los servicios de atención pueden colocarnos en una paradoja: ¿por qué vivir de esta forma, por qué no cortar la violencia? Y al mismo tiempo ¿cómo es posible que las personas/prestadores de servicios/sociedad no puedan leer, darse cuenta, de la complejidad y singularidad de cada situación?

 

Estas preguntas tan simples son  parte del imaginario de la sociedad que públicamente condena la violencia contra las mujeres, pero que las deja solas, infinitamente solas; esperando a que ellas sean capaces de terminar, en soledad, con un monstruo como la violencia y los abortos clandestinos.

 

Y debemos decirlo: las mujeres que intentan denunciar y terminar con las agresiones tienen mayores probabilidades de morir como venganza por parte del victimario. Es fácil endilgar a las mujeres la responsabilidad exclusiva por su muerte, mas en estos casos hay toda una co-responsabilidad que se pone en manifiesto en las persistentes actitudes de minimización de los estragos y realidad de la  violencia de género e intrafamiliar.

 

Una rosa es una rosa: lo que es,  es lo que es. La  violencia  contra las mujeres no se resuelve en el silencio, ni perdonando. Se resuelve – de alguna forma- tomando medidas, haciendo cortes. Cortar con un malestar es lo que le otorga cualidad de diferencia a cada vida, por ende le otorga singularidad.

 

También  resolvemos en algo estas violencias cuando, una vez que las mujeres hemos optado por poner un alto, la sociedad garantiza toda una serie de medidas que nos protejan, que nos precautelen de nuevas agresiones, que no aumenten nuestro riesgo y vulnerabilidad; ese es el rol del Estado: contar con un sistema de protección integral que esté activo, alerta y con la capacidad de reconocer lo evidente: la violencia siempre será progresiva. Pero además debemos tomar en cuenta –y esto no es una competencia del Estado- que  la violencia ejercida por parte de quien dice querernos está atada por necesidades particulares irresueltas de amor, autoestima, autorrealización, goce;  que colocan a las mujeres en situaciones de dependencia afectiva, económica, emocional. La violencia se funda en despojar históricamente al sujeto mujer de  herramientas para elaborar una propia narración sobre nuestras vidas. Lidiar con esto nos demuestra que no solo debemos ver-mirar la piel, los golpes; debemos ver los hilos que mueven la violencia (4).

 

¿Podemos cómo sociedad civil ver estos hilos, de verdad? ¿Cuentan los jueces/zas,  trabajadores/as sociales y demás funcionarios públicos con procesos de capacitación para comprender que el femicidio no debe leerse solo como un hecho, sino como una crónica anunciada de una vida con violencia? ¿Podemos generar respuestas de empoderamiento económico, educativo, estético/corporal para las mujeres, una vez que estamos dispuestas a cortar la violencia? ¿Qué alternativas de información, de subsistencia, proponemos como sociedad a las mujeres qué no conocemos otro patrón más allá del maltrato? ¿Qué opciones para ser-ejercer una ciudadanía plena se dan para las mujeres en nuestro país?

 

II

La revolución consiste en mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos (5)

 

Mirar las condiciones que violentan a las mujeres es desestructurar al patriarcado, es desestructurar un sistema en donde las tecnologías biopolíticas están al servicio de ciertos sujetos (por lo general blancos, letrados, de clase media-alta, masculinos)

Mirar el femicidio como el resultado de una continuidad de violencia nos lleva a tratar de realizar un ejercicio de memoria. El feminismo adolece del desconocimiento de su genealogía, esto lo señala constantemente el/la feminista Paul Preciado. Entonces es necesario y urgente revisar los caminos de los feminismos en Ecuador, reconocer que las feministas son diversas, vienen de diferentes luchas y demandas. Esa multiplicidad enriquece el escenario a favor de los derechos de las mujeres; pero esos feminismos ecuatorianos requieren de una genealogía que les permita ser maleables y, a su vez, firmes para no dejar que el Poder lo convierta en un significante vacío, despolitizado, sin la potencia que implica ser femme fatale, hembra, puta, hermana, nerd, mujer, insurrecta, marimacha, asexuada, madre; en un sistema de privilegios para la violencia vertical que implica el ser hombre.

 

Una rosa puede pulverizarnos los ojos: mirar el mundo en clave feminista es mirar el mundo desde las posibilidades de la diferencia. El feminismo es, entre otras cosas,  una práctica para qué, aquello que ha permanecido subalterno, sumido en el silencio, pueda tener voz (6).  El feminismo no es una representación de La Mujer, ya que no existe una forma de ser nosotras, como tampoco es un vara para categorizar lo que es ser Hombre, a pesar de qué,  desde el feminismo,  se alerta cómo las ficciones políticas nos han impulsado a adoptar ciertos roles-posiciones de masculinidad y feminidad y  cómo  se han validado  ciertos roles por sobre otros.

 

He aquí la revolución: asumir un cuerpo sin órganos: el cuerpo no diagnosticado por las ficciones políticas como la democracia, la representación de género, la disforia de género, el macho izquierdotropical, la madre sumisa, la puta egoísta, el homosexual intransigente, el liberal inverosímil, la educadora sexual que reparte estampas de santos como protección ante el demonio del sexo, las que abortamos. (Artaud, 1947)

 

He aquí el incendio: mirar nuestros cuerpos como un arma, como una acampada en donde está peleando la Historia y tomar las armas. Ser insumis@s.

 

Nuestros cuerpos: sustancia elemental que se bifurca, que se agota: por eso es infinito.

Mirar nuestra precariedad, nuestra muerte tan temida e incendiarla con la vida.

III

La estrella lloró rosa (7)

(Una rosa es un incendio)

 

 

Propongo mirar la muerte y,  mirar es pensar. Pensar  la muerte es pensar en su administración. Pensar la muerte implica  reconocer que los Estados utilizan la experiencia de la sociedad para crear bunkers, mausoleos en donde entra la Historia, pero no nuestros cuerpos (8)

Uno bien puede lidiar con la muerte, pero no con las ausencias. Cuerpos que se acercan a Otros y lo tocan como un puñal incendiado en niebla. Madres  y padres que pierden a sus hijas (para ellos no hemos inventando un nombre). Cuerpos de mujeres que mueren bajo el puño de sus amantes, de abortos practicados en condiciones infrahumanas, cuerpos de hijos e hijas huérfanos como saldos de la violencia.

 

Una rosa es un incendio. Cuerpos de hermanas, de amigas,  que flotan en el ruido de su sangre.

Y digo ruido porque el silencio ensordece demasiado rápido y demasiado pronto, porque en Ecuador 6 de cada 10 mujeres  caminamos en la orilla de un femicidio, porque cada 4 minutos una de nosotras está abortando. 

 

Una rosa es un incendio. Nuestros cuerpos pueden encenderse en su propia fragilidad.

Pensemos la muerte, para hacer la vida.

 

 

 

 

 

NOTAS

 
1)     Este texto fue pensado como aporte para presentarse ante un encuentro de mujeres feministas. Su estructura emplea las voces de tres poetas como pilar de cada eje, pero el texto sufrió un esguince debido a un acontecimiento: la conferencia magistral de Suely Rolnik, dictada en el marco de la Semana Cero de la UARTES, en Guayaquil. Quiero agradecer a Bertha Díaz por propiciar un encuentro fugaz con la pensadora. Luego de este acontecimiento este texto ha sido contaminado por la necesidad imperante de seguir haciendo cortes distintos en el camino del feminismo
2)       Esta es una referencia al pensador Achille Mbembe y su propuesta  de necropolítica qué, para decirlo en breves rasgos, presenta al Estado como un  agente propiciador de políticas paraestatales  vinculadas a la administración de la muerte.
3)     Con este aforismo  Gertrude Stein logra que la rosa se haga roja por primera vez en la poesía, pues emplea la reiteración como una forma de hacer carne la palabra. En el uso de esta figura literaria la poeta logra poner a flote la cualidad de lo que enuncia y que “paradójicamente” queda oculto en el lenguaje.                                                                                                
4)     El rol del Estado debiera ser operativo-funcional. Brindar un marco jurídico que proteja y garantice derechos y una aplicación sostenida en la institucionalidad pública para que esto se cumpla.  Negar la importancia de la coordinación con el Estado es una necedad. Mientras vivamos en sociedades “organizadas”  es necesario poder ejercer la exigibilidad de los derechos a instituciones concretas, caso contrario la impunidad sería la ley.  Allí radica un trabajo fundamental del activismo y de la sociedad civil; el mantener una distancia saludable y prudencial entre el aparato estatal, la nuda vida y las tácticas de resistencia como refiere Agamben.
 
5)      Alejandra Pizarnik  
6)      Aunque es un guiño a G. Spivak, quien resuelve que esto es un imposible, en este punto  también me refiero a  la propuesta de G. Deleuze y  F. Guattari en la cual, mediante los agenciamientos colectivos,  ha sido posible  desmontar lógicas  y sistemas que han prevalecido en nuestras sociedades con privilegios  y,  esos agenciamientos han sido empujados por su misma potencia de heterogeneidad  en el escenario público. Pensemos en estas ausencias que se volvieron presentes desde la irrupción  (GLBTIQ´s, feminismos, ecologismos, etc.).  A eso me refiero con voz.
7)      Artaud.
8)      La entrada de los cuerpos a los dispositivos de normación se da, justamente, desde el posicionamiento de los cuerpos como objetos de catálogo: los sujetos afectados por patologías, los perdedores, las otredades periféricas, los migrantes,  y también las maternidades modelo, ciertos cuerpos que sí son  válidos, etc. Tomo la referencia de M. Foucault en  Dits et écrits. 1984.
 
BIBLIOGRAFÍA
·         Antonin Artaud (1947). Para acabar con el Juicio de Dios. Pieza radiofónica.
·         Achille Mbembe. (2011). Necropolítica. España: Melusina.
·         Félix Guattari. (2013). Líneas de Fuga: por otro mundo de posibles. Argentina: Cactus.
·         Félix Guattari y Suely Rolnik. (2013). Micropolíticas, cartografías del deseo. Argentina: Tinta Limón.
 

Sunday, March 29, 2015

La escritura que inventaron las mujeres

“De modo que aquí me tenéis, sola con mis pensamientos frente a este abanico. Cuando lo cojo, me sorprende lo poco que pesa, pues en él están registradas muchas penas y alegrías. Lo abro con una sacudida y el sonido de los pliegues al desdoblarse me recuerda al de los latidos del corazón. Los recuerdos pasan a toda velocidad ante mis ojos”.

El abanico de seda se despliega y de él penden mensajes escritos en Nu Shu. Nadie más que algunas mujeres pueden comprender esos dibujos cargados de sentido: historias a manera de parábolas, textos de amor- si es que eso fuera absolutamente definible-, promesas que alientan a Flor de Nieve  y Lirio Blanco a creer que siempre serán almas gemelas o laotangs.
Es mucho más lo que urde Lisa See en El abanico de seda, novela traducida por Salamandra y cuyo título original es Snow Flower and the secret fan, publicada en 2005, y que recoge tradiciones chinas tan cuestionadas como la del vendado de los pies, que fue hasta 1950, aproximadamente, una condición para conseguir un “buen matrimonio”. Mientras más pequeños los pies de la novia, y semejantes a una flor de loto, mayores probabilidades de una unión económicamente ventajosa. Algunas, lograban que sus pies llegaran a medir solo 7 u 8 centímetros. En el camino de esta práctica, cientos de mujeres murieron por un procedimiento bárbaro y patriarcal, que dolorosamente debían perpetuarlo las madres a sus hijas, pero que además no sólo modificaba la forma de los pies sino que cambiaba el carácter de las mujeres.
“Cuando tenía cuarenta años, la rigidez de mis vendajes había pasado de mis lotos dorados a mi corazón, y éste se aferraba con tanta fuerza a injusticias y agravios del pasado que no me permitía perdonar a los que quería y me querían”.
Es posible que el vendado de pies se iniciara durante la dinastía Song (famosa porque introdujo el uso de billetes de papel como moneda y la pólvora), entre 960 y 1280, por bailarinas, y que posteriormente, fuera una costumbre adoptada por la clase alta y la burguesía. Las mujeres pertenecientes a otros estratos sociales no podían realizar esta práctica porque debían trabajar, sin embargo, si lo hacían, la medida era una gran oportunidad para escalar socialmente.
A manera de memoria, Lirio Blanco, ya anciana, con más de 80 años, decide contar  su vida, justificándose,  porque a su edad sólo le interesa el pasado“Después de tanto tiempo, por fin puedo decir lo que debía callar cuando era niña y dependía de los cuidados de mi familia, o más tarde, cuando pasé a depender de la familia de mi esposo”.
Sin embargo, ese contar del que habla la narradora no aparece a la edad que ella misma señala. De hecho, a través de su propia narración advertimos que la necesidad de contar y decir era tan apremiante que, siendo una niña aún,  aprende el Nu Shu con el que se comunicará toda la vida con su amiga Flor de Nieve.
El Nu Shu, mítica escritura misteriosa utilizada clandestinamente por mujeres es el primer acto de rebeldía en esta narración. Una sutil rebeldía cuya parábola es la historia de Yuxia hija de un campesino que es elegida concubina por el emperador y que se traslada a la corte con él, hasta que, inevitablemente, él sigue tomando a otras mujeres como concubinas y se olvida de ella. Por tristeza y en aislamiento, Yuxia, empieza a practicar la caligrafía de los hombres, en silencio pese a escuchar los comentarios que sobre ella se hacen en el palacio. Sobre todo, por querer “imitar” la caligrafía de los hombres. Pero Yuxia no es una imitadora, Yuxia cambia, inclina y flexibiliza la caligrafía y crea una nueva, un código secreto para comunicarse con su madre y su hermana. 

El abanico de seda posee varios relatos paralelos a la línea de narración principal. A manera de cajas chinas, todas estas historias contadas como parábolas están ligadas a las vidas de Lirio Blanco y Flor de Nieve. La virtud de la novela de Lisa See es la hondura psicológica de sus personajes, y el manejo de la incertidumbre, que varias veces deviene en sorpresas para los lectores. El gran marco de su relato es la vida de las mujeres en una cultura milenaria, posiblemente desconocida aún para Occidente, en donde la respuesta a la violencia sobre el territorio del cuerpo de las mujeres es la creación y el arte de una escritura propia, una lengua inventada que da cuenta del mundo que hasta ahora, ha sido narrado parcialmente. Porque el mundo se sigue contando con la lengua del padre, diría yo, muy a mi pesar, salvo increíbles intentos desestabilizadores como los de Clarice Lispector, Ursula K Le Guin, Cristina Rivera Garza o Margaret Atwood.
Hace poco, en una entrevista a propósito del “Día de la Mujer”, la escritora Gabriela Alemán, dijo para El Comercio: “Así que, ¿qué me gusta de ser mujer? Leer a mujeres que escriben sobre mundo alternativos para que nuestro mundo y sociedad pueda imaginarse de otra manera”.
Traigo las declaraciones de Gabriela a este texto porque en ocasiones, los relatos escritos por mujeres sobre mujeres, podrían servir para reivindicar el género, y en otras, como en el caso de Lisa See y de su Abanico de seda, también para reinventar la Literatura. Como mujer, aprecio estas dos maneras de hacer escritura, pero celebro la última como una posibilidad que no tiene límites.

Si existe o no una escritura creada por las mujeres es uno de eso debates que no está cerrado. Esa respuesta o esas respuestas se seguirán elaborando ad infinitum  mientas la ficción las resuelva en historias como la del Abanico de seda.

Friday, October 17, 2014

Buscar las dimensiones, a propósito del aniversario de Cortázar

Que el poco tiempo que me queda sea para los libros, bueno no para todos, esa es la verdad. Solo para unos cuantos y también para autores que a pesar del tiempo y la distancia van descubriéndose en su versatilidad. Como sigo curiosa con el tema de las memorias y las cartas este pendiente es para Julio Cortázar, en parte por el aniversario de su nacimiento, algo así como una deuda histórica. Las deudas y las amistades suelen ser históricas. Esto no quiere decir que los amigos dejan de serlo, pero por alguna razón se quedan en el tiempo, ahí como suspendidos quién sabe por qué hilos hasta que los volvemos a ver. Volver a ver. Sí, luego, es como si el tiempo no existiera. Por suerte no pasa lo mismo en el amor. Por suerte, o como le gustaría decir a Cortázar: “El azar hace muy bien las cosas”. 

Que Cortázar es un clásico contemporáneo no es una novedad. Eso sí, como muchos, tal vez no sea tan leído como se dice y no en todas sus dimensiones. Pero con él ocurre esto del encantamiento; es decir, cada cierto tiempo vuelvo a encantarme con algún aspecto de él. Esta vez la razón fue el documental de Tristán Bauer, bastante plano desde mi punto de vista, pero que deja oir la voz del gran Cronopio, con todos los matices de ese acento ni porteño ni francés, tal vez más lo uno que lo otro. Después de todo fueron 32 años que vivió fuera de Argentina. La configuración de la casa se va difuminando. Hace poco apareció publicado en Alfaguara un libro para colección: Cortázar de la A a la Z. Una especie de diccionario con palabras clave en el imaginario cortazariano, con fotos inéditas y fragmentos alusivos a ese vocabulario. Como digo , hay letras que se comen con los ojos.

¨Soy de los que lloran en el cine”

La sensibilidad es una característica de pocos. En un hombre como Cortázar, además de evidenciarse en su obra (pienso en La salud de los enfermos, por ejemplo) también está presente explícitamente en esa otra obra que constituye su correspondencia, editada completamente por Alfaguara en varios tomos. No hay nada como descubrir que un escritor que apreciamos estéticamente es, además, tan humano, que nos conmueve o nos conmoverá siempre. Tal vez porque la humanidad se ha perdido, o es susceptible a muchas cosas: al halago, por ejemplo, en el caso de los escritores a la vanidad. La literatura también nos sitúa en el desarraigo y muchas veces es más que difícil abandonar posturas que yo llamo “descreídas”. 

“Por Cuba y desde Cuba tomé contacto con América Latina. Dejé en Argentina a un escritor que pensaba  que la realidad debía culminar en un libro. En París pensé que un libro tenía que terminar en la realidad…comprendí que el socialismo es la única  corriente moderna de pensamiento que se basa en el hecho humano esencial…La humanidad empezará verdaderamente a mirar al hombre el día en que haya cesado la explotación del hombre por el hombre”.

El Fama

En el documental de Bauer podemos escuchar a Cortázar decir que los Cronopios no son generosos por naturaleza y que los famas ayudan a los Cronopios. Aquí lo escucharemos hablar sobre cómo es que empezó su carrera de Fama. El boom no es calificado de madurez. Es un buen principio…responde al azar”.

“Mi obra personal fue hecha en la soledad, fue hecha en la pobreza, fue hecha sin el menor apoyo editorial. Cuando los editores se despiertan a mis libros, a los libros de Fuentes, a los de García Márquez, a los de Vargas Llosa, se despertaron porque las primeras precarias y difíciles ediciones habían sido bruscamente leídas por montones que se las pasaban de mano en mano… y los editores que no son tontos y que están ahí para ganar dinero, comprendieron que eso había que editarlo…Nosotros estuvimos solos, y lejos de América Latina. García Márquez escribió lejos…no teníamos amigos editores. Los editores vinieron después”.

“El exilio físico es mi problema personal¨


"El exilio cultural, el hecho de que la Junta de Videla de la Argentina haya prohibido la publicación de mi último libro de cuentos, porque `hay dos cuentos que me molestan`implica que 22 millones de compatriotas míos se han visto privados de leerme. Bueno que me lean o no es un acto de vanidad… pero ese tipo de vanidad no la tengo"

Lo que el tiempo se lleva, la memoria lo devuelve distorsionado. Es una suerte que así sea. ¿Qué pasaría si los recuerdos volvieran tan nítidos? Qué impacto, qué impresión.. En la distorsión encuentro una Rayuela que va cambiando o que voy descubriendo. A veces un mismo libro siempre es otro libro.

Tuesday, December 17, 2013

Algunas notas sobre La ceniza del adiós de Orlando Pérez


El adiós como una ceremonia que dura un vuelo Madrid/Quito. El largo camino del regreso al polvo; al polvo enamorado de Quevedo, o al simple polvo en el que nos convertiremos como la única certeza de la existencia es la historia que Pablo, el protagonista de La ceniza del adiós , está dispuesto a compartir con sus lectores.
Ahí, suspendido en el limbo a más de 30.000 metros de altitud, el narrador fabrica, fabula y nos permite conocerlo y reconocernos en él. Faltan pocas horas para regresar a Quito y escribir es la única actividad que no puede abandonar y que no abandonará hasta que esté vivo.

La novela de Orlando Pérez  es instrospectiva, cada episodio que el protagonista devela es una suerte de viaje hacia la razón de la siquis y la existencia. Como buena muestra del delirio de quien repara en su propia muerte, el relato contado se disfraza hasta llegar a las últimas páginas. Cuando creemos que ya conocemos a Pablo; Pablo se quita el disfraz.

La pregunta sobre quién es el protagonista emerge junto a otras dudas, ¿es la infancia la raíz, la explicación, del devenir adulto? ¿la infelicidad está ligada a la ausencia o presencia del amor? ¿se puede separar la individualidad de la colectividad?  ¿puede la existencia ser una serie de hechos que nos encadenan al pasado? ¿qué separa al bien del mal? ¿es el asesinato un acto malo per se? ¿se puede justificar un crimen?

La ceniza del adiós es una novela que en sus 253 páginas hace un homenaje al eterno retorno, al motivo del viaje literario en donde el destino no es lo fundamental, sino el tránsito.

La elaboración sobre los paraísos perdidos a través de los recuerdos infantiles de Pablo y luego la desgracia de ver desaparecer a su madre marcan el ritmo de la trama. Una madre perdida en la vida se vuelve a recuperar a través de la figura de Muriel, la tiastra que también lo dejará.  Los afectos reales por estas dos mujeres serán los cimientos para la negación de otros afectos como la relación con su esposa, Lucía, y su actual novia, la Cata. Pablo, el protagonista, siempre pendiendo entre lo posible y lo imposible, así como su narración entre la verdad y la metira dentros de la propia ficción.

Toda esta historia marcada por la soledad tiene como referente a Quito, pero no Quito hoy, sino la Quito de los 70 y 80.
¨Yo no terminaba la escuela y la ciudad que crecía hacia el norte era una incógnita, salvo porque algún sábado fuimos a ver al parqueadero del primer gran centro comercial de la ciudad una competencia de go’ cars, ese sector estaba sostenido desde la expectativa comercial y habitacional y no desde un sentido urbano: se veía todo adosado al hipódromo y a éste como a un territorio excluyente¨.